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lunes, 27 de julio de 2009

Diáspora 60



A sangre, B costumbre, C decisión
y así más allá de Z,
zumbido
mental del fósforo,
cráneo
cráter, carácter,
acostémonos,
riámonos desnudos, mordámonos
hasta el amanecer, M con U
mujer en latín de Roma, mulier,
geniúvo de lascivia mulieris
interminable, olor
a ti, a tú, a también tierra
del principio con lava
de beso, con
una muchacha que se abría para ser
dos, para
vertiente ser tres; ese, Dios mío único, juego
donde alguien
escribe una carta a quién y se llora,
siempre se llora porque por último
no hay peor cuchillo que el ahí;
baleado han
mi corazón, olido
he lo purpúreo, me llamo
martillo, ¿y tú, tabla? ¿Y tú,
niñez de los niños, qué andas en esto
haciendo despavorida tan
tarde?, ¿y tú, mariposa,
la translúcida?
De eso íbamos a subir por la cuesta, a hablar
cuando llovió largo el 73 un año
sucio, agujero
sangriento el sol; comimos
caballo muerto, casi
super flumina Babylonis, illic sedimus
et flevimus, un cuchillo
por cítara, un cóndor
por arcángel, la asfixia
o el vinagre de los locos, canten
ahora el venceremos, ¿y entonces,
estrellas, qué?; música,
más y más música, disparen
a los párpados;
al principio
caíamos de bruces, acarreábamos
esas piedras grandes, de una aurora
a otra.
Pausado va el ojo olfateando
el horror, riendo, cómo
has crecido hijo; de costumbre
se hace la podredumbre, de tanto
mirar para paralizar, cómo
de Pekín a Berlín la rotación
contra la traslación
porque eso
es lo único que me llamo: viejoven
el que juega a la muervida, luz
propia el Mundo.
Seis veces diez,
60 qué
de aire y fantasma de aire, esto
que íbamos a escribir y
no escribimos, ni
respiramos, ni
nariz de nada;
¿el metro
de medir muerte era entonces lo Absoluto
que come uno por ahí entre
arrogancia y libertad de pie en la tabla
intrépida de los veloces?;
¿cuáles veloces,
cuáles días de cuáles
seis veces diez viéndose a fondo en el espejo?


Gonzalo Rojas.

martes, 21 de julio de 2009

Los días van tan rápidos


Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.
Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.
Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.
Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora

Gonzalo Rojas.

lunes, 6 de julio de 2009

Retrato de mujer



Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
en la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada,
nada, sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre, y
quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela de tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma, y te
quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí, mujer, te dejo tu figura.

Gonzalo Rojas

lunes, 25 de mayo de 2009

Qué se ama cuando se ama



¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

Gonzalo Rojas