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viernes, 27 de abril de 2012

CUANDO VIVÍAS EN LA CASTELLANA




Cuando vivías en la Castellana
usabas un perfume tan amargo
que mis manos sufrían al rozarte
y se me ahogaban de melancolía.
Si íbamos a cenar, o si las gordas
daban alguna fiesta, tu perfume
lo echaba a perder todo. No sé dónde
compraste aquel extracto de tragedia,
aquel ácido aroma de martirio.
Lo que sé es que lo huelo todavía
cuando paseo por la Castellana
muerto de amor, junto al antiguo hipódromo,
y me sigue matando su veneno.


Luis Alberto de Cuenca

NUESTRA VECINA




 NUESTRA VECINA

(A Javier del Prado)

Tiene, Javier, nuestra vecina un talle
que resucita a un muerto, y unos ojos
que derriten el plomo y dan antojos
a quien se los tropieza por la calle.

Hay que trazar un plan que no nos falle
para descerrajarle los cerrojos
y pasear en triunfo sus despojos
cuidando hasta el más mínimo detalle.

Tú en el portal y yo en el descansillo,
siempre al acecho, cristalina media
velándonos la cara y un cuchillo

afilado. Si Dios no lo remedia,
de la vecina haremos picadillo
y de un cuento vulgar una tragedia.

Luis Alberto de Cuenca

jueves, 2 de julio de 2009

Cuando pienso en los viejos amigos



Cuando pienso en los viejos amigos que se han ido
De mi vida, pactando con terribles mujeres
Que alimentan su miedo y los cubren de hijos
Para tenerlos cerca, controlados e inermes.

Cuando pienso en los viejos amigos que se fueron
Al país de la muerte, sin billete de vuelta,
Solo porque buscaron, el placer en los cuerpos
Y el olvido en las drogas que alivian la tristeza.

Cuando pienso en los viejos amigos que, en el fondo
Del mar de la memoria, me ofrecieron un día
La extraña sensación de no sentirme solo
Y la complicidad de una franca sonrisa...

Luis Alberto de Cuenca



La vida que yo veo





La vida que yo veo
anhela los extremos confines,
el Desierto, la Selva, y nada más.

Veo que Setiembre,
el de los Rojos Helechales,
deplora su materia;
que hubiera preferido ser
sólo Nieve, Inmensidad y Lobos

Veo que el Sol
sueña con la pura luz
y que la Noche
añora los tiempos primordiales,
cuando todo era noche.

Miro también a mi corazón,
y descubro que sus deseos
se resumen, desgraciadamente,
en dos palabras:
la palabra Siempre,
la palabra Nunca.

Bernardo Atxaga